Después de Chile, ¿sigue Perú?

Mujer quechua en la Municipalidad de Ollantaytambo. OI.

Sin cuantificar incluso el irreversible daño socioambiental, los mineros se llevan para afuera “el idílico banco de oro peruano”, dejando a los peruanos sentados en el vacío.

De la macroeconomía peruana, en el exterior, se dice que es la “séptima economía de Suramérica”, que con su Producto Interno Bruto (PIB) que bordea los 220 mil millones de dólares, al momento, es una de las economías regionales que más creció en los últimos 30 años bajo el régimen neoliberal.

Nadie puede negar. Perú no es más el país del “descalabro” económico de la época del primer gobierno del suicidado ex Presidente Alan García (1985-1990). Tampoco lo es más el país de la incertidumbre sociopolítica y económica del decenio del gobierno de Alberto Fujimori, ahora, preso.

Se redujo el nivel de pobreza. Al momento, según datos del PNUD, el 12.7% de peruanos vive en situación de pobreza multidimensional. Pero, esta estadística, en buena medida, es resultado de la división abstracta que se hace del total del PIB por la cantidad de la actual población peruana. Se dice que, ahora, cada peruano tiene un ingreso del equivalente a 7 mil dólares año. ¡35 mil dólares anuales por familia!

El desempleo es del promedio del 12% de la población económicamente activa. Es evidente, hay dinero en el Perú, y circula. La economía, controlada casi en su totalidad por las reglas del “libre” mercado, se mueve casi “independiente” de la inestable situación sociopolítica del país.

Falacias de la economía peruana

Mercado, Cusco. OI.

Falacia del PIB peruano. Incorrecto es decir que los 220 mil millones de dólares del PIB “peruano” es de los peruanos, y es iluso creer ello. El PIB peruano, casi en su totalidad es de las empresas transnacionales, o está bajo el control de ellas. El Estado peruano participa del menos del 10% de dicho PIB. ¿Qué empresas estratégicas están bajo el control del Estado peruano? Ninguno.

Falacia del crecimiento económico. Confundir el crecimiento de la economía empresarial con la dinámica de la microeconomía familiar es como asumir que los 32 millones de peruanos son empresarios. Creció el patrimonio de las empresas. Las economías familiares, que no pudieron acceder a los “préstamos” bancarios, están casi en las mismas condiciones que antes.

Falacia de la economía del ladrillo. Al igual que en la España de finales del pasado siglo, en el Perú la “economía del ladrillo” se basa en la especulación y en el endeudamiento. Y, cuando ya no haya circulantes para “amortizar” las deudas inmobiliarias esa economía se desplomará hundiendo consigo a la “economía peruana”. Entonces, ¿será que también el Estado peruano salvará a los bancos con los ahorros de los peruanos?

Falacia del Perú país minero. El 11% del llamado PIB peruano proviene del sector agro. Perú no sólo tiene una economía de exportación primario, sino que aún es país agrícola. Más sin embargo, el promedio de la inversión pública destinada a la agricultura, durante el decenio 2000-2010, fue de apenas 0.5%.

Eso sí, las empresa mineras no sólo adquirieron “carta de ciudadanía privilegiada” en el país (sentado en un banco de oro), sino además, al parecer, la minería se constituyó en el “núcleo de la economía peruana”. Sin cuantificar incluso el irreversible daño socioambiental, los mineros se llevan para afuera “el idílico banco de oro peruano”, dejando a los peruanos sentados en el vacío.

Falacia de la sostenibilidad de la inversión privada. La inversión privada “apátrida” opta por un país/mercado valorando, no sólo las oportunidades, sino sobre todo considerando las “facilidades” o “privilegios” que le ofrece el Estado de destino. Perú ofreció y está terminando de entregar todo los bienes y servicios finitos que tenía para atraer a la inversión privada.

Cuando ya no haya nada qué “sacar” del Perú, las empresas privadas nacionales o transnacionales volarán hacia otros mercados llevándose consigo todas las ganancias económicas. Se quedarán las futuras generaciones peruanas hundidos en la pobreza, cargando consigo el riesgo y costo socioambiental de la contaminación del “saqueo” neoliberal.

Los pueblos y sectores del Perú deben reorganizar el Estado cooptado por el empresariado inmoral/corrupto. Urge en el Perú, como en otros países de la región, reconstruir y devolver la autoridad y la soberanía al Estado para que reconduzca la economía hacia el bienestar integral sostenible, ya no únicamente de la comunidad humana, sino del sistema Tierra como tal. El mayor peligro se cierne, ya no únicamente del “egoísmo” y de la “especulación” de los agentes neoliberales, sino sobre todo de la “factura” que irremediablemente nos pasará la Madre Tierra por el daño causado.

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