Derechos humanos desde perspectivas indígenas

Proceso y visión de los Acuerdos de Paz. Paula Nicho

En las filosofías indígenas el ser humano es parte integral del entramado de la Vida. No es ni centro, ni medida, de la realidad. Mucho menos la finalidad.

En 1948, la civilidad occidental, asombrada por su capacidad auto destructiva ocasionada por sus guerras mundiales, declaró lo que, hoy, se conoce como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, con la promesa de encaminar a la humanidad por el sendero del Desarrollo y de la Democracia.

71 años después, un diagnósticos diacrónico y sincrónico de las condiciones de vida de los más de 7.5 mil millones de habitantes del mundo nos indica que vamos por camino equivocado.

En la actualidad, no sólo el hambre, las enfermedades, el analfabetismo, la desigualdad socioeconómica… asechan a diferentes bolsones de las sociedades, incluso en los países denominados (mal) desarrollados, sino que las condiciones de Vida en el planeta Tierra son cada vez más precarias/peligrosas.

Se agotan irremediablemente las reservas de agua dulce y la población crece, los suelos son cada vez más estériles y hay más demanda de alimentos, las reservas de hidrocarburos se agotan y la demanda de energía crece, el clima es impredecible, los nevados retroceden y los mares crecen, los bosques, ecosistemas y diferentes formas de vida se despiden…

¿Por qué los derechos humanos no pudo provenir esta situación?

Cuando liberales y socialistas debatieron (durante el siglo XX) los derechos humanos se concentraron exclusivamente en la idea del desarrollo antropocéntrico. Es decir, el bienestar del ser humano individual. Hubo debate entre derechos individuales (liberales) y colectivos (socialistas), se impuso lo primero. Pero, ambos centrados en el bienestar humano/desarrollo.

El sueño desarrollista (propulsado por la filosofía individualista y el antropocentrismo) aceleraron la depredación del entramado de la Vida en el planeta, al punto de poner en peligro la continuidad de la especie humana. ¿De qué sirve tener derechos, incluso dinero, si no hay agua disponible, comida (saludable), condiciones climáticas predecibles?

71 años después del reconocimiento e implementación progresiva de los derechos humanos, nos damos cuenta que éstos derechos, sean individuales o colectivas, son insuficientes para garantizar el bienestar y la pervivencia de la especie humana en el planeta. Necesitamos reconocer e implementar los derechos de la Madre Tierra que garanticen, a su vez, los derechos/oportunidades para los humanos.

¿Qué noción tienen los pueblos indígenas sobre los derechos humanos?

Corazón del Agua. Paula Nicho

El pensamiento/academia occidental, fruto de su arrogancia intelectual, llega a la conclusión falaz de: “los pueblos indígenas y/u orientales no tienen noción de derechos humanos. Apenas llegan a concebir la idea de dignidad”. Esto es falso.

Nuestros abuelos tenía muy claro que “el bienestar de la comunidad humana dependía del bienestar de la comunidad cósmica”.

En las filosofías de los pueblos aborígenes y/u orientales jamás existió la idea del ser humano como un ser individual/independiente. Mucho menos como un ser desgajado de la comunidad cósmica. No existió la locura de buscar el bienestar del humano individual incluso quemando o destruyendo la única casa común.

En las filosofías indígenas el ser humano es parte integral del entramado de la Vida. No es ni centro, ni medida, de la realidad. Mucho menos la finalidad. Pero, esta lógica simbólica/interrelacional es imposible constatar/comprender con el antropocentrismo metodológico. Mucho menos con el método individualista.

Para los pueblos indígenas la única vía para garantizar los derechos humanos es reconocer la dignidad, los derechos, y oportunidades de la Madre Tierra (como comunidad cósmica).

Derechos plenos para los humanos es imposible conseguir por la vía del desarrollo. El desarrollo siempre depredará los derechos y oportunidades de las grandes mayorías, y sobre todo, el entramado de la Vida en el planeta.

Según las filosofías indígenas, la comunidad humana tendrá el disfrute de sus facultades de bienestar (derechos) únicamente como un ser comunitario, restaurando los equilibrios rotos por el antropocentrismo y el individualismo.

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