
En un acto que ha suscitado un profundo debate, el Congreso de la República de Guatemala, aprobó con carácter de «urgencia nacional» el Decreto 5-2025, que establece el «Día Nacional de la Biblia» para ser conmemorado el primer sábado de agosto de cada año. Esta decisión, tomada con una celeridad inusitada el 12 de agosto de 2025, no solo levanta serias dudas sobre la separación entre Iglesia y Estado en un país oficialmente laico, sino que también revela una estrategia política y comercial que manipula la fe para consolidar un poder ilegítimo.
La aprobación de esta ley es mucho más que un simple reconocimiento a un texto religioso. En el contexto guatemalteco, se inscribe en una larga historia de instrumentalización de lo sagrado para fines terrenales. Los promotores de la iniciativa, con el respaldo de sectores evangélicos, han justificado la ley en la necesidad de «fortalecer los valores y la espiritualidad». Sin embargo, esta retórica piadosa oculta un trasfondo de poder y conveniencia. Al declarar a la Biblia como un «texto sacro» nacional, la clase política guatemalteca, carente de legitimidad popular y de un proyecto de nación inclusivo, busca desesperadamente un anclaje simbólico que le confiera autoridad. La manipulación de la fe se convierte así en un salvavidas para quienes no pueden justificar su poder a través de la representación democrática o la capacidad de resolver los problemas de la población.
Este uso político de la Biblia es un claro desafío a los principios de un Estado laico, que por definición debe ser neutral en materia de cultos y creencias. Al privilegiar un texto religioso sobre otros, el Estado guatemalteco se alinea con una visión teocrática que ignora la diversidad de su propia población. Esta actitud no solo es un retroceso en la construcción de una sociedad plural, sino que abre la puerta a la imposición de dogmas religiosos en el ámbito público, contraviniendo la filosofía política liberal que, al menos formalmente, rige el país.
El desprecio implícito en esta ley es aún más palpable al considerar el contexto histórico y demográfico de Guatemala. En un país con una mayoría indígena, sobreviviente de dos genocidios (el de la Conquista en el siglo XVI y de la desigual guerra interna en el siglo XX), la imposición de un día dedicado a la Biblia es un acto de supremacismo y racismo. Equivale a un desprecio abierto hacia las espiritualidades y cosmovisiones mayas y de otros pueblos originarios, que han resistido y perdurado a pesar de siglos de opresión y evangelización forzada. La Biblia fue y sigue siendo, en muchos casos, una herramienta de colonización cultural y despojo. Proclamar su celebración a nivel nacional es, por tanto, una forma de perpetuar y legitimar la dominación colonial.
Como ayer, la Biblia es usada para mantener el status quo. Es ofrecida a los «condenados» y despojados, a los que sufren la pobreza y la exclusión, como una promesa de salvación espiritual, mientras que los «falsos cristianos», los mercaderes del poder y de la fe, se apropian de la tierra, el capital y los privilegios. La aprobación de esta ley no es un acto de fe, sino un acto de cálculo político que instrumentaliza la espiritualidad de la gente para un control más eficaz, perpetuando un sistema de despojo y empobrecimiento bajo el manto de lo «sagrado».
Los cristianos si apoyamos esta iniciativa, esta publicación lo único que trae a colación es un divisionismo cada vez más pronunciado en nuestro país. Si los diputados tomaron esa iniciativa, es obvio que la misma es respaldada por millones de guatemaltecos que procesamos la fe cristiana, sin embargo los enemigos del evangelio, van a estar contra siempre, a sabiendas que nosotros respetamos sus tradiciones y condenamos las mismos, aún cuando estas, lo único que traen a memoria es la nefasta vida que los mayas, quienes empoderados en su orgullo asesinaron a diestra y siniestra a sus mismos hermanos, sacrificaban a sus dioses matando a gente inocente. La maldad fue tal que el karma les llegó, al momento de perder poder en los 1400 y 1500 de nuestra era.
Hoy en día los así llamados indígenas, se caracterizan por ser prepotentes, racistas, abusivos y por sobretodo querer imponer sus propias ideologías y costumbres. Cosa que no lo van a lograr jamás, es más este grupo es pequeño,.representando un 2% de la población indígena, ya que la mayoría de ellos también profesan la cristiana evangélica.
Así que no más ataques entre guatemaltecos,.respetemos nuestras creencias y costumbres, para poder vivir en paz.
Eso no es ninguna ley de urgencia nacional. La biblia son libros en los cuales se basa la religion cristiana, es decir catolicos y protestantes; religiones mayoritarias en nuestro pais. No hay necesidad de un dia especial para la biblia. Hay otras leyes que urgen, por ejemplo la del agua, etc.