
El nuevo panorama político boliviano se consolida con la victoria del candidato de centro-derecha, Rodrigo Paz Pereira, quien ha ganado las elecciones presidenciales con el 54% de los votos, superando a su oponente Jorge Quiroga, que obtuvo el 45%. El nuevo gobernante asume el cargo con una lista de desafíos urgentes que exigen acción inmediata. Entre ellos destacan la necesidad de reactivar una economía marcada por la escasez de divisas, una inflación elevada y la falta de combustibles, heredada de la administración anterior. Además, deberá enfrentar la crisis en el sistema de justicia, la inseguridad jurídica, la fragilidad institucional y la gestión de problemáticas socioambientales como la minería ilegal y el narcotráfico. La gobernabilidad del país dependerá de la capacidad del nuevo presidente para construir acuerdos en una Asamblea Legislativa Plurinacional fragmentada.
En contraste con la agenda del nuevo gobierno, el campo popular y plurinacional de Bolivia mantiene en el centro de su visión la profundización de la descolonización y la consolidación de un Estado Plurinacional. Las agendas pendientes, recogidas en documentos como la Agenda Patriótica 2025, giran en torno a la erradicación de la pobreza extrema material, la universalización de servicios básicos, la soberanía sobre los recursos naturales y la soberanía productiva con diversificación. Esto incluye dejar atrás progresivamente la dependencia de los recursos hidrocarburíferos y mineros para convertirse en un país productor y transformador. Estos movimientos sociales y populares enfatizan la promoción de valores comunitarios sobre el individualismo, la lucha contra el racismo y la discriminación, y la consolidación de los derechos de la Madre Tierra.