
A pesar del tiempo, hay luchas que no pierden su fuerza, y la de las mujeres indígenas es una de ellas. Con ternura y con decisión, te invito a reflexionar sobre lo que significa este día. No es una fecha cualquiera, es un llamado a la acción. Es el Día Internacional de las Mujeres Indígenas, una jornada dedicada a conmemorar la fuerza, la resistencia y la historia de las mujeres que han dado su vida por la dignidad de sus pueblos.
Un legado de lucha
La historia de Abya Yala, el continente que habitamos, está tejida con los hilos de la valentía de mujeres indígenas y negras. Ellas no solo soñaron con la libertad, sino que ofrendaron sus vidas y las de sus familias para avanzar en procesos de liberación que hoy siguen incompletos. Sus nombres a menudo no aparecen en los libros de historia, pero sus actos resuenan en cada lucha por la tierra, el agua y la justicia.
Pienso en mujeres como Bartolina Sisa, una líder aymara que comandó ejércitos y murió con la frente en alto. Su nombre es un eco de la resistencia contra la opresión colonial en el Alto Perú. Pienso en Micaela Bastidas y Tomasa Tito, estrategas y compañeras de lucha con Túpac Amaru II. Pienso en Guadalupe Cuautlalzin, una mujer mexica que defendió su tierra contra la invasión. Pienso en Casimira Rodríguez Romero, una defensora de los derechos de las mujeres indígenas en Bolivia, cuya voz resuena en los espacios de poder. Sus historias nos recuerdan que la lucha por la dignidad no es un concepto abstracto, sino una herencia que llevamos en la sangre.
Un llamado a la acción
La realidad actual de las mujeres indígenas está llena de retos. La violencia, el racismo y la discriminación persisten, sobrecargando sus vidas con desafíos que muchas de nosotras no conocemos. El machismo, el racismo y el clasismo son barreras que impiden su pleno desarrollo, y es nuestra responsabilidad colectiva derribarlas. Este día es un recordatorio de que esta lucha no es solo de ellas, sino que nos concierne a todos.
El 5 de septiembre no es un día para el folclore, ni para la exotización de los cuerpos y vestimentas de nuestras abuelas, madres, compañeras e hijas aborígenes. No queremos ver sus tradiciones reducidas a un espectáculo. Este día es, y debe ser, un día de protesta. Un día para denunciar las desigualdades y anunciar, con voz clara y firme, que la liberación y la descolonización de las mujeres indígenas está en marcha. Es una jornada para honrar su lucha, no para adornarla.
Con cada paso que damos para desmantelar el racismo y el clasismo, estamos honrando el legado de mujeres como Bartolina, Micaela, Tomasa, Guadalupe y Casimira. Su coraje nos inspira a continuar la lucha por la justicia. En este día, mi corazón se une al de ellas, y mi voz se alza con la tuya para gritar: ¡Ni una menos, ni una atrás! Sigamos en comunidad, sigamos luchando por la liberación de todas.