Ollantay Itzamná

El departamento de Puno, en el surandino peruano, ha sido históricamente un bastión de resistencia popular y, tras las trágicas protestas de 2023, su sentimiento de repudio hacia la élite política limeña se ha agudizado notablemente. En este contexto de profunda desconfianza y polarización, el reciente recibimiento popular que experimentó el excandidato presidencial y exalcalde de Lima (1990-1995), Ricardo Belmont Cassinelli (80 años de edad), resulta un fenómeno político digno de análisis.

Belmont, exitoso burgomaestre de la capital a finales del siglo pasado, ha irrumpido en el escenario puneño con una aceptación que contrasta fuertemente con la hostilidad mostrada a otros políticos de la élite limeña. La memoria colectiva local aún resuena con el público vapuleo que sufrió el candidato Philips Butters en la región, un claro reflejo del dolor y la ira acumulados tras las masacres de 2023.

El contraste se hace aún más evidente al observar la performance del candidato de la «vieja izquierda» local, el puneño Vicente Alanoca. Pese a su origen regional y la tradicional afinidad del sur con estas vertientes políticas, Alanoca no logra capitalizar el fervor popular que sí parece despertar Belmont.

¿Señal de un nuevo paradigma electoral?

Este inusual respaldo a un candidato proveniente de Lima, la misma ciudad que simboliza la élite repudiada, sugiere un posible quiebre en el tradicional binarismo político peruano. La población aymara y quechua de Puno, lejos de adherirse ciegamente a las etiquetas de «izquierda» o «derecha», podría estar priorizando un criterio más pragmático: la eficiencia demostrada y la capacidad de gestión.

La exitosa gestión municipal de Belmont en Lima, recordada por sus obras y por una imagen pública de independencia frente a los poderes fácticos, podría ser el factor decisivo. En un Perú sumido en la crisis institucional y la inoperancia política, la promesa implícita de un gestor eficaz y con experiencia ejecutiva parece resonar con más fuerza que las plataformas ideológicas tradicionales.

La pregunta que se cierne sobre el panorama electoral es fundamental: ¿Podría este fenómeno en Puno ser un indicio de que el electorado del sur andino está listo para impulsar candidaturas que, aunque no se alineen con el sentir ideológico regional, ofrezcan un historial de obras y resultados concretos, marcando un giro desde la confrontación ideológica hacia la búsqueda de capacidad real en la función pública? El recibimiento a Belmont en Puno sugiere que, quizás, la respuesta es afirmativa.

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