Ollantay Itzamná

En las cercanías del imponente «abuelo» Volcán Tecuamburro, donde el verde de la montaña se funde con el azul del cielo de Santa Rosa, habita un hombre cuya vida es un puente entre la ley y la tierra. Gabriel Romero, originario de la Aldea Aroche, Chiquimulilla, no solo porta el título de abogado; porta, sobre todo, la mística de quien entiende que la justicia, como la miel, requiere paciencia, cuidado y una profunda conexión con el entorno.

De la Sandalia Franciscana a la Defensa del Territorio
La trayectoria de Gabriel está marcada por el espíritu de la Orden de Frailes Menores (OFM). Aunque sus pasos lo llevaron lejos de Aroche para formarse académicamente, su corazón jamás abandonó el terruño. Esa formación franciscana —basada en la fraternidad universal y la protección de la «Hermana Madre Tierra»— se convirtió en el motor de su práctica legal.
Durante años, Gabriel fue el arquitecto jurídico de procesos de adquisición de tierras colectivas. Para él, asegurar el suelo para sus paisanos no era un simple trámite, sino un acto de dignificación al campesinado. Bajo la sombra del volcán, ayudó a cimentar el hogar de familias que hoy cultivan vida gracias a su acompañamiento constante.

Miel, Resistencia y el «Buen Vivir»
Hace seis años, el llamado de sus raíces fue definitivo. Gabriel regresó a Aroche para integrarse plenamente al movimiento CODECA, donde hoy se desempeña como un pilar en la defensa de los derechos humanos. Pero su lucha no se queda solo en las asambleas o los juzgados; se traslada a la montaña, donde la teoría del Buen Vivir se hace práctica cotidiana:

La Crianza del Agua: Ante la inclemente sequía que azota la región, Gabriel encarna la perseverancia. Con la austeridad propia de su herencia religiosa, carga a lomo pipas de agua para regar sus árboles frutales, recordándonos que la vida se defiende gota a gota.

El Susurro de las Abejas: En sus 40 colmenas, Gabriel encuentra un refugio y una metáfora de la organización social. Su miel de montaña es el resultado de un trabajo colectivo entre la Madre Tierra y el hombre, un manjar que comparte con amigos y clientes como símbolo de abundancia compartida.

Un Valuarte para la Comunidad
Padre de cuatro hijos y referente ético para su comunidad, Gabriel Romero es la prueba de que se puede ser un experto en leyes sin perder el callo en las manos. En CODECA, su figura representa la integralidad: la defensa del territorio nacional empieza por el cuidado del jardín propio.
Desde la Aldea Aroche, entre el aroma a azahar y el zumbido de las abejas, el abogado-campesino sigue demostrando que la verdadera justicia es aquella que permite que el pueblo viva con dignidad, paz y la dulzura de la libertad.

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