Ollantay Itzamná

En un tiempo marcado por la incertidumbre, las violencias y el cansancio social, cerca de 40 mujeres provenientes de diversas denominaciones eclesiales se reunieron este sábado 16 de mayo, en la sede de la Universidad Bíblica Latinoamericana, para participar en una jornada de oración informada y comprometida por Nigeria, el país más poblado del continente africano.

La actividad formó parte del histórico Día Mundial de Oración, iniciativa ecuménica impulsada por mujeres de distintas tradiciones religiosas desde 1927, y que, de manera ininterrumpida, ha promovido celebraciones litúrgicas, reflexiones bíblicas y acciones solidarias en favor de pueblos y sectores históricamente vulnerabilizados, especialmente mujeres y niñas.

La jornada no se limitó a un acto devocional. Antes de iniciar el momento litúrgico, las participantes compartieron información sobre la compleja y desafiante realidad que enfrentan las mujeres nigerianas. Historias concretas de familias, testimonios marcados por el empobrecimiento, el despojo de los territorios, las violencias, los desplazamientos y las múltiples desigualdades, permitieron a las asistentes aproximarse no desde la distancia fría de las estadísticas, sino desde la sensibilidad humana y espiritual.

Nigeria, una nación de profundas riquezas culturales y espirituales, carga también con enormes tensiones sociales, políticas y económicas. Y sobre las espaldas de sus mujeres recaen muchas veces las tareas de sobrevivencia, cuidado y reconstrucción cotidiana de la vida. Esa realidad fue presentada como un llamado urgente a la conciencia global y a la solidaridad entre pueblos.

Las participantes, provenientes de diferentes iglesias y comunidades de fe, asumieron el ejercicio de “orar con información”, es decir, escuchar el sufrimiento concreto de otras mujeres para luego discernir, desde la espiritualidad, qué exige la justicia y qué compromisos reclama la fe.

En ese sentido, la oración fue también escucha. Escucha de las voces silenciadas. Escucha de Dios hablando desde las heridas de las mujeres y familias nigerianas. Escucha que interpela las comodidades y empuja hacia acciones concretas de transformación.

La celebración concluyó con un momento de ofrendas solidarias y una comensalía fraterna en la que compartieron platillos inspirados en la gastronomía nigeriana, gesto simbólico que permitió estrechar vínculos culturales y espirituales con las mujeres de aquel país africano.

Más allá de un encuentro religioso, la actividad dejó en evidencia que la espiritualidad puede convertirse en puente entre pueblos, memoria viva de las luchas de las mujeres y fuerza colectiva para sostener la esperanza. Porque cuando la oración se informa, se siente y se comparte, deja de ser evasión para convertirse en compromiso con la vida y con la justicia.

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