Moema Miranda concluyó con una exhortación a la resistencia afectiva, animando a romper el aislamiento individualista que imponen las dinámicas digitales de las grandes tecnológicas
Ciudad de Guatemala — Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, el programa digital Geopolítica desde la Aldea, conducido por Ollantay Itzamná, dedicó una emisión especial a reflexionar sobre la crisis climática global. El espacio contó con la participación de Elmer Gómez, representante de la Red Nacional por la Defensa de la Soberanía Alimentaria en Guatemala (REDSAG), y Moema Miranda, destacada antropóloga y laica franciscana vinculada al Instituto Teológico Franciscano de Brasil. Ambos coincidieron en la urgencia histórica de abandonar el «ambientalismo antropocentrista» tradicional y avanzar decididamente hacia el desarrollo de una «conciencia e identidad Tierra».
Al inicio de la transmisión, el conductor recordó hitos históricos de la lucha por la defensa territorial en la región de Abya Yala (América), rindiendo memoria al «Baguazo» ocurrido en la Amazonía peruana, donde comunidades indígenas Huampí y Awajún resistieron en defensa de sus territorios frente a políticas extractivistas Estado empresariales y costó la masacre de 33 aborígenes. El crimen aún impune ocurrió el 5 de junio del 2009. Este preámbulo enmarcó el debate central: la necesidad de replantear las formas en que la sociedad moderna se vincula con la naturaleza.
Incidencia desde las calles de Guatemala
Elmer Gómez relató los pormenores de la «Caminata Ecológica» realizada en el centro de la Ciudad de Guatemala. Esta manifestación pacífica aglutinó a diversas organizaciones de la sociedad civil y colectivos eclesiales católicos con el propósito de generar conciencia urbana hacia un consumo responsable de los bienes comunes.
Gómez enfatizó que la actividad coincidió significativamente con el día 4 Ix del calendario maya, una coordenada temporal asociada directamente a la naturaleza y a las energías para su defensa. El activista de REDSAG advirtió sobre el duro impacto del fenómeno de El Niño, que actualmente azota al país centroamericano con sequías y lluvias extremas, vulnerabilizando de manera desproporcionada a las comunidades rurales.
Asimismo, Gómez señaló la profunda «desconexión» que padecen los entornos urbanos, donde el avance inmobiliario y comercial devora las zonas verdes y las áreas de recarga hídrica. «La población urbana se ha acostumbrado a ver más gris que verde y da por sentado recursos como el agua, ignorando el enorme esfuerzo voluntario y comunitario que hacen los pueblos rurales por proteger los nacimientos hídricos frente a un Estado ausente» declaró. Añadió que las autoridades guatemaltecas evitan fomentar la educación ambiental crítica en las ciudades para frenar la organización social y la resistencia civil ante la entrega de licencias mineras y monocultivos.
El olvido intencional: «Somos Tierra»
Por su parte, desde Brasil, Moema Miranda ofreció un profundo análisis histórico y teológico de la crisis. Miranda cuestionó por qué, a más de medio siglo de haberse establecido el Día del Medio Ambiente en la Cumbre de Estocolmo de 1972, la degradación ecológica global sigue agudizándose.
La experta brasileña argumentó que la sociedad industrial dominante opera bajo una lógica de separación ficticia: «Olvidamos que somos Tierra, como nos recuerda el Papa Francisco en su encíclica Laudato si’. No somos otra cosa» sentenció. Explicó además que este olvido es «intencional» y está financiado por grandes corporaciones transnacionales a través de la producción deliberada de ignorancia y el negacionismo climático.
Miranda vinculó su reflexión a las posturas críticas de la Iglesia Católica y del pensamiento decolonial latinoamericano. Alertó sobre el peligro del «tecnofascismo» promovido por magnates tecnológicos mundiales, quienes buscan gobernar el planeta como una corporación privada mediante el uso de la Inteligencia Artificial para fines de acumulación, desestimando la fragilidad humana y democrática. Frente a esta «lógica de la escasez y la supremacía», la antropóloga propuso recuperar el camino de la «sobriedad feliz» y la mística comunitaria, inspirada tanto en el cristianismo primitivo de la periferia como en las cosmovisiones de los pueblos originarios de América, quienes son hoy los que ponen el cuerpo en primera línea de resistencia para defender los ríos y bosques.
Un llamado a la organización y el voto crítico
Hacia el cierre del debate, los entrevistados enfatizaron que el mero activismo de pancarta o la reflexión individual resultan insuficientes si no se traducen en acciones colectivas y transformaciones cotidianas de fondo.
Gómez recordó que Guatemala se encuentra en una coyuntura preelectoral, por lo que instó a la ciudadanía a ejercer un voto crítico. Llamó a analizar rigurosamente los discursos de los candidatos a puestos de elección popular para evaluar qué tan coherentes son con la sostenibilidad ecológica y el respeto a la sabiduría ancestral comunitaria, rompiendo el paradigma del «desarrollismo ecocida» que comparten tanto las agendas de derecha como de izquierda tradicionales.
Por último, Moema Miranda concluyó con una exhortación a la resistencia afectiva, animando a romper el aislamiento individualista que imponen las dinámicas digitales de las grandes tecnológicas. «Reunirnos en comunidad, estar juntos y compartir la lucha es hoy el acto de mayor resistencia. Debemos ser anticapitalistas y anticoloniales desde lo más profundo de nuestras acciones diarias» finalizó, sellando el encuentro virtual con el tradicional saludo franciscano de «Paz y Bien».