BOGOTÁ — En una profunda reflexión tras los recientes resultados electorales en Colombia, el reconocido comunicólogo y analista de medios, Omar Rincón, advirtió sobre el desasosiego y la perplejidad que embarga al país luego del triunfo de «Abelardo», un candidato al que calificó como un «invento de la inteligencia artificial fake» cuyo comportamiento y plan de gobierno siguen siendo un enigma.
Durante su intervención en el programa Geopolítica desde la Aldea, conducido por Ollantay Itzamná, Rincón desmenuzó el proceso electoral desde la perspectiva de la comunicación, trazando paralelismos con figuras regionales como Nayib Bukele o Javier Milei, y lanzando una fuerte autocrítica hacia los sectores progresistas y de izquierda.
Una estética clonada y el «voto del odio»
Según el analista, el candidato ganador no cimentó su victoria en las propuestas racionales, sino en una matriz discursiva agresiva y un ensamblaje estético copiado de manuales internacionales. Rincón señaló que el mandatario electo es «un clon de Bukele» en su apariencia física (gorra, barba, estilo impecable) y en sus promesas de mega cárceles ficticias, pero que a la vez adoptó la estrategia digital de IA de Milei para atacar con virulencia a la izquierda, sazonado con el discurso corporativo de Donald Trump: «Yo sé hacer plata, yo soy el genio».
Sin embargo, para Rincón, el factor decisivo no fue el amor hacia este personaje, sino el profundo rechazo de las clases medias y urbanas hacia el actual presidente Gustavo Petro, alimentado por un marcado sesgo de clase y un «antipetrismo» visceral. Asimismo, el analista criticó el papel del 10% de votantes en blanco, a quienes catalogó como una élite académica con una «superioridad moral» que, al negarse a tomar partido, terminó definiendo la balanza.
La desconexión pragmática de la izquierda
Al evaluar la campaña de Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico que rozó la victoria con un 49.2% de los apoyos, Rincón destacó que, aunque logró el respaldo mayoritario de la juventud, su comunicación pecó de ser «demasiado moderna, argumentativa y nostálgica», ignorando las herramientas digitales y de inteligencia artificial hasta las últimas dos semanas de la contienda.
«Ganamos la batalla por los sentidos: hoy todo el mundo discute sobre feminismo, los derechos de pueblos originarios y la Madre Tierra. Pero perdimos el sentido común y lo pragmático», reflexionó el comunicólogo.
Rincón ejemplificó que el gobierno de Petro mejoró las condiciones materiales del pueblo de forma histórica mediante el incremento del salario mínimo, pero no se supo comunicar. En su lugar, el progresismo se volvió excesivamente ideológico y abandonó el campo popular y los territorios, espacios que han sido habitados y capitalizados por las iglesias cristianas a través del afecto y el acompañamiento comunitario.
El futuro: Humor, cultura pop y resistencia institucional
De cara al escenario que iniciará formalmente el próximo 7 de agosto con la posesión del nuevo gobierno, Rincón anticipó un panorama difícil para la libertad de prensa y la protesta social, augurando posibles persecuciones fiscales y judiciales al estilo de El Salvador. Detalló que, a diferencia de otros países de la región, en Colombia la protesta en las calles se juega literalmente «la vida» debido a la histórica violencia estatal.
Pese al temor, el analista dejó un mensaje de optimismo enfocado en ese 49% de colombianos que votaron por un cambio y en la sólida bancada que el Pacto Histórico mantendrá en el Congreso.
Para recuperar terreno, Rincón instó a la comunicación alternativa y popular a despojarse del pudor racionalista y aprender a jugar en los terrenos de la cultura pop y el entretenimiento: «Hay que hacer uso del humor, volverlos memes y chistes; a estos tipos tan godos lo único que les duele es la burla». Concluyó que los proyectos políticos alternativos deben volver a sintonizar con la fiesta, la música y la alegría comunitaria, demostrando que la colectividad no es sinónimo de aburrimiento, sino de dignidad y gozo.
Quería que el destino de mi patria fuera otro. Lo creí. Qué tristeza.