El 27 de junio de 1954, el gobierno revolucionario de Jacobo Árbenz fue derrocado como resultado de una operación político-militar organizada por Estados Unidos, a través de la CIA, que combinó una invasión encabezada por Carlos Castillo Armas con una intensa guerra psicológica, presión diplomática y el respaldo de sectores de la oligarquía, la jerarquía eclesiástica y mandos del Ejército guatemalteco. Aunque las fuerzas invasoras eran reducidas, el aislamiento político del gobierno y la decisión del alto mando militar de no enfrentar la intervención precipitaron la renuncia de Árbenz.