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Ollantay Itzamná

Tras cumplirse un mes de la emisión del decreto de Estado de Sitio por parte del gobierno del presidente Rodrigo Paz Pereira, el panorama social y político en Bolivia atraviesa un punto de inflexión. En la emisión del programa Geopolítica desde la aldea, el director Ollantay Itzamná reunió al periodista Pablo Deheza y al analista político José de la Fuente (ambos colaboradores de La Razón) para indagar sobre las secuelas de esta medida de excepción en la subjetividad colectiva, el comportamiento de las organizaciones sociales y el rumbo económico del país.

El origen de la medida y el desgaste de la protesta

Ante la primera interrogante planteada por el director sobre cómo impacta esta excepción institucional en la madurez democrática del país, Pablo Deheza contextualizó que la medida no surgió de forma aislada, sino tras una brutal ola de movilizaciones y bloqueos de caminos que se extendió por más de 50 días.

Deheza señaló que el movimiento contestatario sufrió un proceso de asfixia y cansancio. La protesta no logró expandirse hacia las ciudades capitales, quedando recluida en núcleos rurales del altiplano y el Trópico de Cochabamba. El Gobierno aprovechó ese momento de agotamiento para dictar el Estado de Sitio y despejar las rutas mediante fuerzas policiales y militares.

Para Deheza, el levantamiento de las presiones generó una sensación inicial de alivio en las familias consumidoras afectadas por la escasez de alimentos y el alza de precios. Sin embargo, el costo político ha sido alto: se evidencia una profunda fragmentación de liderazgos y una falta de rumbo estratégico en el campo popular e indígena.

El uso político de la excepción y la fragilidad económica

Al abordar las medidas concretas aplicadas en este periodo y la orientación ideológica del Ejecutivo, José de la Fuente enfatizó que los estados de excepción en Bolivia poseen una larga tradición ligada a planes de ajuste económico.

De la Fuente detalló la dinámica del Ejecutivo: tras concertar un acuerdo con la Central Obrera Boliviana (COB), el Gobierno aprobó horas después el Estado de Sitio para habilitar el desbloqueo de carreteras. Asimismo, utilizó la figura legal para ejecutar redadas y órdenes de aprehensión contra dirigencias campesinas e intermedias (como Vicente Salazar y David Mamani) .

En el ámbito macroeconómico, De la Fuente subrayó que el país afronta una coyuntura crítica:

  • Dólar flotante e inflación: La devaluación paulatina del boliviano presiona la canasta familiar.

  • Déficit fiscal elevado: Se arrastra un déficit cercano al 12% sin contar aún con un presupuesto oficial aprobado para 2026.

  • Aislamiento geopolítico: A diferencia de Argentina con Javier Milei, Bolivia no cuenta con un respaldo financiero externo significativo.

Un Gobierno sin iniciativa y una oposición sin alternativa

A lo largo del diálogo, Ollantay Itzamná cuestionó a ambos invitados sobre el impacto geopolítico y el horizonte al que se encamina el país. La respuesta de ambos analistas coincidió en un diagnóstico preocupante: Bolivia padece una severa crisis de ideas.

  1. La parálisis gubernamental: El Gobierno ha pretendido impulsar reformas de corte neoliberal (como el fallido Decreto 5503 o la modificación a la Ley de Tierras 1720), pero debió retroceder ante el rechazo callejero. Carece de fuerza legislativa y de un proyecto sólido para estabilizar la economía.

  2. El agotamiento del ciclo popular/estatal: Por el lado de la izquierda y las organizaciones sociales, la división interna (reflejada en la pugna entre el ala evista y arcista en los últimos años) y la incapacidad de renovar un modelo extractivo en declive (con la caída de reservas de gas natural y proyectos de litio paralizados por cuatro décadas) han dejado al movimiento social sin propuesta de país.

«Masticar la crisis» entre el caos y la oportunidad

La entrevista concluye con una mirada proyectiva sobre las luces que podrían alumbrar el futuro boliviano. Para Pablo Deheza, el momento actual exige asumir con autocrítica las falencias del ciclo plurinacional —especialmente la falta de un modelo económico sostenible— y abrir un espacio de competencia para la aparición de nuevos liderazgos que reconstruyan una alternativa popular adaptada a la realidad contemporánea.

Por su parte, José de la Fuente resumió que a la sociedad boliviana le corresponde «masticar la crisis»: procesar el colapso del modelo neoliberal e integrar los logros de inclusión social del proceso de cambio con una gestión pragmática e inteligente de los recursos naturales.

Como cierre del encuentro, el director del programa, Ollantay Itzamná, sintetizó la jornada acudiendo a la máxima filosófica de que todo caos entraña una oportunidad. La crisis política y el Estado de Sitio en Bolivia se presentan no solo como un episodio de represión o parálisis, sino como una pedagogía social obligada: un periodo de reordenamiento donde el tejido comunitario y popular deberá reorganizarse para superar la vacuidad ideológica de los actores políticos actuales.

 

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